viernes, 31 de octubre de 2008

Novedades Jueves 30 de Octubre en la PlayStation Store

Demos:
Mirror's Edge.
Tom Clancy's EndWar.
Warhawk.

Juegos de PSOne:
Def Jam Fight for NY the Takeover -19.99€ (SOLO PSP)
Cool Boarders 2 - 4.99€ (PSP y PS3)

Add-ons:
Soul Calibour IV (17 Músicas, 2 conjuntos de armas)
Civilization Revolution - 3 Packs.
Rock Band - 8 Canciones

Vídeos:
Mirror's Edge Story Trailer 2
Earth Zone (Motorstorm 2)
Movie Studio Trailer (Pain)
Trailer Yeoni, Tati y Ken (Pain)

Themes y Wallpapers:
Megaman 9 Theme
Fondo de pantalla Kenneth Superstar (Pain)
Fondo de pantalla Yeony Superstar (Pain)

miércoles, 29 de octubre de 2008

La Atlantida ciudad Perdida

La Atlántida posible continente que desapareció de la Tierra hace ya miles de años.
Posibles Localizaciones.
Han sido numerosas las investigaciones que han situado la Atlántida en diversos lugares.

El filósofo Platón asentó las bases de este supercontinente, en sus ‘Diálogos’, concretamente en Crítias y Timeo. Él fue quien dijo que la Atlántida estaba fuera del Mediterráneo, y que superaba en superficie a Asia y Libia juntas.

De hecho, es en su obra Crítias donde da mayor cuenta de esta existencia. En ella perfila la metrópoli del imperio había sido construida en una pequeña isla circulas de costas escarpadas, con un maravilloso palacio real. Además, lo caracteriza por un estado altamente organizado, una tierra de buena arquitectura y arte resplandeciente.

Sin embargo, este continente desapareció un día que sobrevino un cataclismo que lo hundió en el mar.

No obstante, ante tal descripción se ciernes numerosos interrogantes. El primero de ellos es el lugar donde se ubicaba la Atlántida. Se cree que no muy lejos de Atenas. Una de las teorías más aceptadas es que se trata de la isla de Creta, que de acuerdo a ciertas investigaciones fue hundida por una enorme ola causada por la erupción del volcán Thera que arruinó la fertilidad del suelo con depósitos de ceniza.

Pero ¿dónde se hallaba la Atlántida? Se cree que no muy lejos de Atenas. Una de las teorías más aceptadas es que se trata de la isla de Creta, que de acuerdo a ciertas investigaciones fue hundida por una enorme ola causada por la erupción del volcán Thera que arruinó la fertilidad del suelo con depósitos de ceniza.

Con todo esto, francamente, hablar de la Atlántida es entrar en un mundo fantástico. Numerosas son las ubicaciones que se han intentado dar a la enigmática civilización atlante. Se la ha querido hallar hasta en los lugares más inverosímiles, México, Asia Central, el Sahara, España, Groenlandia, Terranova e incluso Gran Bretaña. Lo cierto es que la Atlántida ha sido siempre verdaderamente apetitosa para la mayoría de los pueblos de la Tierra, desde su ubicación hasta el por qué de su desaparición.

Otras teorías:
A la teoría de Platón sobre la existencia de este gran continente, se han sumado otras posteriores que insisten en recalcar lo que ya asentó el filósofo. Una de ellas es la mantenida por el investigado Otto Much, quien definía la Atlántida como un paraíso de temperaturas cálidas, de tierras fértiles y sobre todo como un tierra rica en oro, plata y bronca. Estas características permitió a su población crecer rápidamente. No obstante, su trágico final vino, según la tradición, porque los habitantes se alejaron de su dios Zeus, quien decidió castigarlos.

Otras teorías también insisten en la existencia de este continente, aunque se desvían en la localización del mismo. El sacerdote jesuita A. Kirchner, siguiendo un estudo de la obra de Platón, establece el continente perdido en el océano Atlántico, concretamente entre España y América. Curiosamente, este dato es también mantenido por otros muchos investigadores.

El sacerdote jesuita A. Kirchner, investigador de la obra de Platón, afirmó en el año 1665 que el continente perdido habría estado en el océano Atlántico, entre España y América, dato que es compartido por la mayoría de los investigadores actuales.

Pero ¿por qué desapareció la Atlántida?

A esta pregunta, y más allá de respuestas relacionadas con el mundo de la mitología y sus dioses, intentaron responder un grupo de geólogos allá por la década de los 60.

Estos geólogos aluden, en primer lugar, a la posibilidad de que se hubiera dado un deslizamiento de las placas continentales. Según estas teorías, el continente americano se separó de Europa, Africa y la Antártida por el deslizamiento de las placas sobre las capas más profundas y viscosas del planeta. De hecho, estos geólogos afirman que esas placas supuestamente separadas si son observadas en un mapa encajan perfectamente, a excepción de un hueco que queda correspondiente a la zona entre el Caribe y España. Este hueco supuestamente coincide con el dejado por la Atlántida.

Con esta teoría se explicaría en cierta medida los detalles del relato de Platón.

Fuente: intrigas.com

Nuevos minerales encontrados y posibilidad de que hubiera agua durante mucho más tiempo de lo que se creía

La sonda Mars Reconnaissance Orbiter ha descubierto sobre Marte nuevos tipos de minerales que sugieren la presencia de agua en el planeta durante mucho más tiempo de lo que se creía.

Según ha informado el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL, por sus siglas en inglés) de la agencia espacial estadounidense, esos minerales también indican la importancia que tuvo el líquido en la topografía marciana así como en la posible creación de vida.

Las imágenes captadas por el espectrómetro de la sonda de esos yacimientos demuestran la presencia de silicio hidratado, más conocido como opal, los cuales son los indicios fundamentales de la presencia de agua en el antiguo Marte.

"Este es un importante descubrimiento porque extiende el tiempo en que hubo agua líquida en Marte y (señala) los lugares donde pudo haber respaldado la vida", indicó Scott Murchie, investigador a cargo del espectrómetro en el Laboratorio de Ciencias Aplicadas de la Universidad Johns Hopkins.

"La identificación del silicio opalino nos revela que es posible que haya habido agua hasta hace unos 2.000 millones de años", indicó. Hasta ahora, el orbitador del planeta sólo había detectado la presencia de filosilicatos y sulfatos hidratados que se formaron hace más de 3.500 millones de años.

Según el comunicado de JPL, los nuevos minerales detectados se formaron cuando el agua alteró materiales creados por la actividad volcánica o por el impacto de un meteorito.

"Hemos visto numerosos promontorios de materiales opalinos en capas delgadas que se extienden sobre largas distancias en torno a los bordes del Valles Marineris así como dentro de esa misma quebrada", indicó Ralph Milliken, científico de JPL.

En algunos lugares las formaciones de minerales opalinos se encuentran en el cauce seco o alrededor de lo que aparentemente fueron corrientes similares a un río. Según indicó el comunicado de JPL, eso indica que hubo agua en la superficie de Marte durante mucho más tiempo que el líquido que ayudó en la formación de los minerales opalinos.

"Lo más importante es que mientras más tiempo haya existido el agua en Marte más tiempo hubo para la presencia de vida", indicó.

Fuente: elmundo.es

martes, 28 de octubre de 2008

Ruinas lunares

Miles de espectadores de TVE vieron el 11 de enero de 2004 a Neil Armstrong y Buzz Aldrin explorando edificios en ruinas en el Mar de la Tranquilidad, en la Luna. Imágenes inéditas, se leía sobreimpresionado. Y Juan José Benítez decía: "Ésta fue la verdad, la única y secreta verdad. Aquel 21 de julio de 1969, Armstrong y Aldrin se alejaron escasos metros del módulo, filmando esta increíble construcción. Esta película, de 14 minutos, jamás fue difundida por la NASA". Numerosas copias del fragmento de la filmación emitido por TVE pueden verse en la actualidad en YouTube, bajo títulos como Vídeo censurado del viaje a la Luna y Construcciones en la Luna ocultadas por la NASA.

El ufólogo navarro sostiene que hace 39 años "el mundo, una vez más, fue engañado", que nos ocultaron el hallazgo de ruinas alienígenas en el satélite terrestre. A él se lo contó "un alto militar norteamericano", ya fallecido, cuya identidad nunca ha revelado y que consiguió hacerse con una copia de la película rodada en el Mar de la Tranquilidad, la que muchos creen todavía que se vio en TVE hace cuatro años. Un documento único porque los vestigios extraterrestres ya no existen: Washington los destruyó con bombas atómicas. Pero el militar desconocido no es el único que afirma que los astronautas encontraron construcciones en la Luna.

Un espía inexistente

Quien primero habló a Benítez de las ruinas lunares fue Carlos Paz Wells, un peruano que en los años 70 decía estar en contacto con seres de otros mundos. "Tenemos constancia de que los norteamericanos también conocen la existencia de las antiguas instalaciones de la Confederación (una unión planetaria al estilo de Star Trek). Y, según los guías, los lanzamientos realizados por los distintos Apollos de pequeñas bombas nucleares contra la superficie de la Luna no tenían la única finalidad de medir los posibles movimientos telúricos del satélite. Muy al contrario. La verdadera intención de los norteamericanos era destruir dichas instalaciones, cuyas posiciones conocían de antemano", afirmaba Paz en Ovnis: SOS a la Humanidad (1975), la obra de Benítez dedicada a las andanzas del Instituto Peruano de Relaciones Interplanetarias (IPRI).

Otra fuente, terrestre, confirmó poco después a Benítez la pasada presencia alienígena en la Luna. En 1979 llegó a las librerías españolas la obra Bases de ovnis en la Tierra. Su autor, Douglas O'Brien, decía ser un espía de la CIA arrepentido afincado en nuestro país. El libro era en realidad una novela firmada con pseudónimo por Javier Esteban, entonces un joven de veintiún años. "Para escribir la novela era preciso crear historias con fechas, lugares, etcétera. Para evitar la tarea de inventar miles de datos, acudí a las hemerotecas y tomé nota de miles de diversas fuentes: periódicos, revistas... De esta forma, incluía datos auténticos de sucesos ocurridos, tales como accidentes de aviones militares, expulsiones de diplomáticos, detenciones de espías, etcétera".

Esteban salpicó su relato del espía arrepentido de accidentes de ovnis y asesinatos. Varios ufólogos contactaron con él creyendo que hablaban con un ex agente de la CIA, y el joven les siguió el juego. Algunas de sus historias acabaron publicadas en periódicos, revistas esotéricas y libros de platillos volantes como hechos reales. Revelaba en su libro, entre otras cosas, que, tras descubrirse "cinco bases o lugares de estacionamiento distintos de ovnis en la Luna", EE UU las había destruido con bombas atómicas. "Lo gracioso del asunto es imaginar a personas en su sano juicio investigando la verosimilitud de tales disparates", recuerda el autor de Bases de ovnis en la Tierra.

De Guipúzcoa a la Luna

Como en toda conspiración que se precie, en ésta también hay de por medio un presunto empleado de la NASA. Se llamaba Alan Davis y murió en Sevilla hace unos años. Decía ser ingeniero de telecomunicaciones y que, en la noche de la llegada del hombre a la Luna, había visto en la estación de la NASA de isla de Antigua unas imágenes que ocultó al resto del mundo. Según varios ufólogos, era el encargado en la base caribeña de cortar la señal de televisión si sucedía algo inconveniente, y es lo que hizo cuando los astronautas del Apollo 11 se dieron de bruces con los edificios extraterrestres. "Es mentira. Nadie podía cortar la señal. Todo eso de las ruinas en la Luna no son nada más que tonterías", sentencia Luis Ruiz de Gopegui, director de la Estación de Seguimiento de Fresnedillas de la NASA en tiempos del proyecto Apollo.

La instalación madrileña era una de las tres estaciones claves en las comunicaciones con los astronautas, junto con las de California (EE UU) y Canberra (Australia). "En el momento del alunizaje, correspondió a Fresnedillas estar en contacto con la nave. Cuando Armstrong y Aldrin abandonaron el módulo lunar, era California", indica Ruiz de Gopegui. Los conspiranoicos argumentan que la NASA ocultó -¿para qué?- la existencia de los edificios y que hay que creer a Alan Davis. "¿Por qué se va a dudar de una persona que tiene esa valentía?", dice uno de sus amigos. Por una razón muy simple, porque ni él ni nadie ha presentado nunca una sola prueba que respalde sus extraordinarias afirmaciones, equiparables a las de quienes sostienen que ningún avión se estrelló contra el Pentágono el 11-S.

Y es que la película que mostró Benítez en la penúltima entrega de la serie Planeta encantado no es una documento grabado en la Luna, a pesar de que apareciera sobreimpresionada la leyenda Imágenes inéditas. La filmación es una recreación, un encargo del ufólogo a Dibulitoon Studio, una firma de animación radicada en Irún. Los astronautas que recorrían edificios en la Luna eran guipuzcoanos. Ésa es la verdad, la única y pública verdad.

Fuente: magonia

¿Hay alguien ahí?

El Universo es muy grande. Hay cientos de miles de millones de galaxias, cada una de ellas formada por cientos de miles de millones de estrellas. En un hipotético reparto de la Vía Láctea -una de esas muchas galaxias, aunque especial porque es la nuestra- entre los 6.500 millones de seres humanos, tocaríamos a más de 15 estrellas por cabeza. Hay muchos soles y, seguramente, muchos tienen planetas alrededor, algunos de ellos como la Tierra. Así pues, ¿por qué no puede haber miles, si no millones, de civilizaciones avanzadas únicamente en nuestra galaxia?

Lo mismo que nosotros estamos aquí, es posible que haya otra gente ahí fuera; aunque de momento carezcamos de pruebas. Estamos a la expectativa de que un día aparezcan en el cielo -como en la película Independence day y en la serie V, aunque esperemos que con mejores pulgas- o de captar sus señales de televisión -confiemos en que sus programadores tengan mejor gusto que los terrícolas-. Nosotros dimos ya el primer paso en esa dirección hace más de 70 años, con la transmisión televisiva de la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936. La inauguración de las Olimpiadas del nazismo fue la primera emisión con suficiente potencia como para traspasar la atmósfera terrestre y es, nos guste o no, nuestra tarjeta de visita ante posibles telespectadores de otros mundos, como refleja el fallecido Carl Sagan en su novela Contacto (1985).

Falsas alarmas

Las estrellas están tan alejadas unas de otras que la unidad de medida utilizada es el año luz, la distancia que recorre la luz en un año a 300.000 kilómetros por segundo: unos apabullantes 10 billones de kilómetros. La estrella más cercana al Sol es Próxima Centauri; está a sólo 4,2 años luz. De ir en esa dirección, las sondas Voyager, que viajan a unos 60.000 kilómetros por hora, tardarían 76.000 años en llegar allí. Frente a esa lentitud, las ondas de radio viajan a la velocidad de la luz. Por eso, ya en 1928 se intentaba conectar por radio con los habitantes de Marte, planeta que en aquel entonces se consideraba hogar de una avanzada civilización. La exploración espacial ha descartado, sin embargo, la existencia de vida inteligente en otros mundos del Sistema Solar, por lo que desde hace décadas la búsqueda de otras civilizaciones apunta a otras estrellas.

El primer rastreo del cielo a la escucha de señales alienígenas fue el proyecto Ozma, llamado así en honor a la princesa del país de Oz. Lo puso en marcha el astrónomo estadounidense Frank Drake el 8 de abril de 1960, cuando apuntó la antena del radiotelescopio de Green Bank a Epsilon Eridani y Tau Ceti, estrellas como el Sol distantes 10,5 y 12 años luz, respectivamente. Ozma duró 200 horas y no captó ninguna señal de otro mundo. Medio siglo y cientos de miles de horas de escucha después, el silencio sigue siendo total, aunque haya habido falsas alarmas, presuntas emisiones inteligentes que luego no han sido tales.

Dos astrónomos soviéticos anunciaron en 1963 la detección de una rara señal procedente de CTA-102. Sospechaban que había sido enviada por una inteligencia alienígena. Al final, CTA-102 resultó ser un cuásar, un objeto que emite enormes cantidades de energía. Cuatro años después, científicos británicos captaron otra señal que bautizaron como LGM-1, de Little Green Men (pequeños hombres verdes). LGM-1 era un púlsar, los restos de una estrella colapsada.

Recién llegados

La más famosa de todas las emisiones recibidas es la señal Wow!. La captó el 15 de agosto de 1977 un radiotelescopio de la Universidad del Estado de Ohio. Cuando Jerry Ehman, investigador del proyecto de Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre (SETI), revisaba los registros en papel de impresora de lo captado aquel día descubrió una señal anormalmente intensa, la enmarcó con el bolígrafo y escribió al margen una sola palabra: Wow! (¡vaya!). Duró sólo 72 segundos, llegó a ser 30 veces más intensa que el ruido de fondo, no parecía de origen terrestre y no ha vuelto a escucharse.

El primer saludo humano dirigido a las estrellas es el llamado mensaje de Arecibo. Contiene información sobre la química de la vida, la estructura del ADN, nuestra especie y nuestra situación en el Sistema Solar. Fue enviado en 1974 desde el radiotelescopio de Arecibo (Puerto Rico) hacia M13, un cúmulo de estrellas situado a 25.000 años luz en lo que se trató más de una demostración de capacidad tecnológica que de un intento de comunicación con extraterrestres. Porque el cúmulo M13 ya no estará dentro de 25.000 años en el lugar del cielo hacia donde se dirige nuestro mensaje. Nadie sabe cuándo puede producirse el primer contacto, si es que ocurre alguna vez. El Universo es inmenso; pero eso, por sí solo, no es una razón a favor de la existencia de otras civilizaciones. Puede que la vida inteligente no sea rara, pero esté condenada a la autodestrucción, amenaza que pende sobre el ser humano desde la bomba atómica de Hiroshima. O puede ser que llevemos aquí demasiado poco tiempo.

La historia humana es una mínima fracción de la del Universo, que nació hace unos 13.700 millones de años. Los primeros homínidos aparecieron en África hace sólo entre 6 y 7 millones de años. Si reducimos toda la vida del Cosmos a un año y situamos el Big Bang en el primer segundo del 1 de enero, los homínidos no habrían aparecido hasta entre las siete y las ocho de la tarde del 31 de diciembre, y en el último segundo del año habría pasado todo lo ocurrido en los últimos cuatro siglos. Hace menos de cincuenta años que empezamos a escuchar al cielo y un poco más que comenzamos a enviar señales de televisión. Quizás nuestras emisiones involuntarias, como la de los Juegos Olímpicos de 1936, hayan llegado a alguien y no se haya dado cuenta, las esté descifrando, las respuestas estén en camino o tengamos sintonizado el canal equivocado. Nadie lo sabe. Pero merece la pena seguir escuchando porque igual no estamos solos.

El libro
Misterios a la luz de la ciencia (2008): El astrofísico Agustín Sánchez Lavega explora la posibilidad de vida extraterrestre en un volumen en el que científicos y divulgadores hablan con rigor de monstruos, témporas y pensamiento mágico en general.

Fuente: magonia

¿Serán las minas del rey Salomón?

Indiana Jones estaría pletórico: un equipo internacional de arqueólogos anuncia hoy en la revista Proceedings, de la Academia Nacional de Ciencias de EE UU, el hallazgo de lo que podrían ser las minas del rey Salomón. Se trata de un complejo de producción de cobre de casi diez hectáreas en el desierto jordano al sur del mar Muerto. Se llama Khirbat en-Nahas -ruinas de cobre, en árabe-, comprende un centenar de edificios y data del siglo X antes de Cristo, según los últimos análisis mediante el carbono 14. "No podemos creer todo lo que nos cuentan los textos antiguos; pero esta investigación supone una confluencia de la arqueología, los datos científicos y la Biblia", ha dicho Thomas Levy, de la Universidad de California y director del grupo que excava el yacimiento desde 2002.

La Biblia y la arqueología son una extraña pareja. Como recuerdan Levy y sus colaboradores en Proceedings, el maridaje entre ambas vivió su Edad de Oro entre las dos guerras mundiales. Parecía entonces que los hallazgos arqueológicos respaldaban el Antiguo Testamento, que la ciencia confirmaba la validez histórica del libro sagrado. Su máxima expresión popular fue Y la Biblia tenía razón, libro de Werner Keller del que se han vendido desde 1955 más de 10 millones de ejemplares. El feliz emparejamiento de ciencia y tradición fue un espejismo. Desde los años 80, destacados historiadores han probado que casi todos los episodios históricos del Antiguo Testamento son fantasías y establecido que estas minas eran del siglo VII a C.


Levy y sus colegas plantean ahora que son del siglo X aC y, por tanto, habrían suministrado cobre al rey Salomón, quien vivió en esa época según la tradición. ¿Qué pruebas presentan? "No veo ninguna conexión entre Khirbat en-Nahas y Salomón", indicó ayer a este periódico Israel Finkelstein, arqueólogo de la Universidad de Tel Aviv y autor -junto con Neil Silberman- de La Biblia desenterrada (2001), obra que desmonta la historicidad del libro santo a la luz de la ciencia histórica. "Creer literalmente la descripción bíblica de Salomón es ignorar dos siglos de investigación bíblica", añade. Finkelstein y otros historiadores han concluido que, de haber existido y no ser una creación de los sacerdotes del siglo VII aC que inventaron en el Antiguo Testamento un pasado común glorioso para todos los hebreos, David y Salomón fueron, como mucho, líderes tribales y su Jerusalén, una pequeña ciudad. Quién controló la explotación minera de Khirbat en-Nahas es una incógnita, pero el equipo de Levy ha encontrado en el lugar escarabajos egipcios, la gran potencia regional.

No es la primera vez, ni será la última vez, que la arqueología se vincula a la Biblia con más fe que pruebas: en mayo pasado, arqueólogos alemanes anunciaron que habían encontrado en Etiopía el palacio de la reina de la Saba, personaje legendario conectado con el rey Salomón; en agosto de 2004, un historiador británico presentó a la prensa la cueva donde Juan Bautista habría celebrado ritos iniciáticos; y en un museo israelí se expone una barca como en la que navegó por Jesús, simplemente porque fue descubierta en el mar de Galilea y data del siglo I. Siguiendo esa misma lógica, una capa roja de mediados del siglo XX en una granja de Kansas podría ser de Superman.

Fuente: magonia